Integridad y Crecimiento

Integridad y Crecimiento

¿Qué relación hay entre integridad y crecimiento económico?, la pregunta cobra relevante actualidad ante el escándalo de corrupción que afecta al Estado en todos sus niveles. La economía y la integridad no pueden transitar por caminos contrarios si lo que se busca es actuar en beneficio de un país. Los funcionarios estatales tienen la decisión sobre el uso de los recursos públicos, cuando esta decisión tiene como único fin generar bienestar social y no son influenciados por intereses particulares, la acción gubernamental tiene un impacto positivo en el desarrollo económico.

Lo contrario trae como consecuencia la situación que vivimos actualmente. Enormes cantidades de dinero destinadas a sobornos, obras públicas pesimamente desarrolladas y sobrevaluadas artificialmente, proyectos millonarios sin ninguna relevancia económica o social, el aparato estatal sometido al clientelismo político en su máxima expresión, la destrucción de la meritocracia y la carrera en el servicio público y un largo etcétera de desastres que empañan la gestión estatal.

El escándalo, como lo demuestran los hechos, es un principal motor para generar la reacción del gobierno. Se anuncia con bombos y platillos la creación de una oficina de integridad, transparencia y prevención de la corrupción encargada de velar por la transparencia y la calidad ética de las decisiones en los procesos de asociación público-privada usando prácticas internacionales y procesos que incluirán controles de calidad más rigurosos para proteger los intereses del Estado en los contratos.

Poco después el ministro que hizo tan pretencioso anuncio se ve obligado a dimitir por presionar a otro importante funcionario, luego también destituido, para sacar adelante un contrato de concesión con claros indicios de ser lesivo a los intereses del Estado.

Según la Plataforma para la Formación, Cualificación y Certificación de las Competencias Profesionales de la Universidad de Cádiz, “La integridad es la capacidad de actuar en consonancia con lo que se dice o se considera importante. Es actuar conforme a las normas éticas y sociales en las actividades relacionadas con el trabajo sin mentir ni engañar; no ocultando información relevante; respetando la confidencialidad de la información personal y de la organización, y no utilizándola en beneficio propio; actuando en consonancia con lo que se considera importante. Incluye comunicar las intenciones, ideas y sentimientos abierta y directamente y estar dispuesto a actuar con honestidad incluso en negociaciones difíciles con agentes externos”.

Señala, además: “Las personas con esta cualidad cumplen sus compromisos y sus promesas, se responsabilizan de sus objetivos y son organizadas y cuidadosas con su trabajo. Estas personas no ocultan sus errores y tampoco tienen ningún problema en señalar los errores de los demás. Otras competencias implicadas son la responsabilidad, el compromiso, la comunicación, la franqueza”.

Queda claro que la integridad es una cualidad de las personas y una capacidad que se irradia a la organización cuando está integrada por servidores comprometidos e identificados con su institución. Lamentablemente para el gobierno, la Administración Pública se copa a dedo  con el mal uso de los mal llamados “puestos de confianza”. No es un secreto que cuando los servidores públicos, en cualquier nivel jerárquico, se saben aves de paso y sin ningún conocimiento del cargo que les cayó del cielo, se crea el ambiente propicio para los festines de corrupción y desfalcos que infectan como virus mortales la gestión pública.

La integridad no se genera con la creación de oficinas pomposas, es una cualidad de las personas que conocen y se identifican con sus entidades en las cuales se han desarrollado profesionalmente y aportan sus mejores capacidades, habilidades y competencias. La integridad es cualidad indispensable para crear instituciones de calidad y que generen confianza en la ciudadanía. Una estrategia  importante para atraer integridad a la Administración Pública es valorar al servidor de carrera, identificado y comprometido con su Entidad. Es la meritocracia la que debe colocar a los Funcionarios Públicos en los puestos de responsabilidad y no el dedo político del gobernante de turno, las consecuencias ya las conocemos de sobra.

 

Acerca de El Autor

Khaled Jaime Servidor Publico convencido que la meritocracia es pilar para la excelencia en los servicios al ciudadano. Especialista en Innovación Pública y Analista en Gestión Migratoria, también soy Administrador y tengo un Máster en Gerencia Pública. Apasionado por la innovación y el conocimiento libre. Siempre aprendiendo, difundiendo y aplicando lo aprendido.